Sin embargo, en la práctica surge un nuevo problema: el acceso limitado a la información. Por lo general, solo los concesionarios autorizados pueden acceder al registro de servicios digital. En algunos casos, el propietario del vehículo también puede consultar los datos, pero esto varía considerablemente según el fabricante y la plataforma. Quien quiera comprar un coche de segunda mano a menudo no tiene acceso directo a esta información. Mientras que antes el libro de mantenimiento solía estar a la vista en la guantera, ahora los compradores tienen que conformarse con la información que el vendedor o el concesionario estén dispuestos a facilitar.
Por qué esto reduce la transparencia a la hora de comprar un coche de segunda mano
Lo que hace que esta evolución resulte especialmente llamativa es que, normalmente, Internet fomenta una mayor apertura y transparencia. En muchos sectores, la digitalización ha hecho que la información sea más accesible que nunca. Las páginas web de comparación, las reseñas en línea y las bases de datos públicas ofrecen a los consumidores una visión sin precedentes. Precisamente por eso, esta evolución dentro del sector del automóvil resulta contradictoria. La tecnología ha avanzado, pero, en algunos casos, la transparencia para los consumidores ha disminuido.